De fiesta pagana de la primavera a Día de la Encarnación de María.

Los días comienzan a ser más largos que las noches.

El sol llega a su punto más alto en el cielo y el día comienza ser igual que la noche. Este hecho astrológico se produce dos veces al año, en marzo y en septiembre que es cuando los dos polos de la Tierra se encuentran a la misma distancia del astro solar.

Entre el 20 y el 21 de marzo se produce un cambio de estación conocido como equinoccio de primavera o vernal, del latín aequinoctium (aequus nocte), “noche igual”… a partir de esos días, en el hemisferio norte, la luz comienza a conquistar la oscuridad.

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Imagen 1.: Día de la Primavera. Sandro Boticcelli, 1462.

El 25 de marzo, ya desde la antigüedad, las diferentes civilizaciones celebraban una fiesta dedicada al Sol. Los datos más fehacientes que tenemos son las fiestas egipcias dedicadas al dios Ra, divinidad del Sol en la zona del Bajo Egipto, las griegas al dios Helios y las romanas dedicadas al Deus Sol personificadas en diferentes divinidades según la época.

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Imagen 2.: Ra, dios egipcio del Sol. 3.500 años a.C
Imagen 3: Faraones festejando al dios Ra. Entrega de ofrendas.
Imagen 4.: En algunas ocasiones, Isis, como hija de Ra también ha sido poseedora de su atributo.

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Imagen 5 y 6.: Dios Helios, dios griego del Sol. Metopa del Templo de Atenea, siglo V a.C. Museo de Pérgamo.

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Imagen 7.: Deus Sol, siglo I d. C

En definitiva, se trataban de fiestas paganas en honor al dios del cielo; a aquel astro luminoso cargado de fuego que salía a diario, calentaba la tierra y la llenaba de vida. En marzo, el día había vencido a las tinieblas. Mes dedicado además a Marte, dios romano de la guerra.

A medida que el cristianismo se fue haciendo más poderoso, y las fiestas paganas fueron prohibidas ya en tiempos de Justiniano I (año 535 d.C), la concepción cambió aunque no con ella el día festejado.

El 25 de marzo siguió siendo un día importante en el calendario. La luz había triunfado frente a la oscuridad, el día era más largo que la noche, la claridad había sometido a la sombra…

Era de vital importancia, por tanto, darle una vuelta de tuerca a estas fiestas celebradas por doquier durante siglos, incluso milenios si hablamos de la mitología egipcia; ahora con una trascendencia cristiana, el momento de la Encarnación de María. El instante en el que María queda embarazada por “obra y gracia del Espíritu Santo”; es decir, el inicio de la Redención.

“Yo soy la luz del mundo, el que me siga no andará en tinieblas…” Juan 8:12.

Esta fiesta, con tinte cristiano y monoteísta, es una de las festividades más antiguas de la Iglesia descrita en el primer capítulo del Evangelio según San Lúcas y un hecho que como tal, nos diferencia del resto de las religiones.

Tal acontecimiento fue uno de los más rápidos en ser aprobados por la Iglesia convirtiéndose en dogma en Letrán en el año 649 después del de Éfeso del año 431 cuando se aprobó la verdad absoluta y definitiva de María como Madre de Dios.

Nueve meses después del momento encarnado se producirá el acto por excelencia de los cristianos, el nacimiento de Cristo, el 25 de Diciembre, día de Navidad, coincidiendo a su vez con la que fuera una de las fiestas paganas romanas más importantes, la fiesta del Deus Sol Invictus, celebrada entre el 22 y 25 de Diciembre, cuando la luz del día comenzaba a aumentar después del solsticio de invierno aludiendo al renacer del Sol o como posteriormente se interpretaría en época de Constantino: Cristo (como Sol) es Invencible.

Tanto abrazó Constantino esta festividad que incluso cambió el día de descanso al día del sol: al domingo, sunday en inglés.

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Imagen 8.: Pantocrátor. Mosaico. Cristo coronado, siglo VI d. C.

En Granada, el 25 de Marzo, Día de la Encarnación de María, se colocó la primera piedra de nuestra Iglesia Catedral en el año de 1523. Este fue el comienzo de una obra que duraría siglos. Un majestuoso resultado, hoy ejemplo del Renacimiento español que fue pedida en el año 1518 cuando el estado ruinoso de la antigua Catedral (Santa María de la O) era tal, que el cuerpo gubernativo de la ciudad junto con el Cabildo de la Catedral solicitó al Rey (Carlos I) la construcción y el traslado, a un nuevo espacio, de una esplendorosa Catedral “conveniente a tan insigne ciudad”.

Con este augusto proyecto, el arquitecto Enrique Egas, que estaba yendo y viniendo a Granada desde Toledo, comenzó con el diseño, sobre papel, de la cuarta y última Catedral de Granada pudiendo poner tan sólo, algunos de sus cimientos. El primero de ellos puesto tal día como hoy. Día en el que el Espíritu Santo encarnó a Santa María “siempre Virgen”.

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Imagen 9.: Encarnación, Alonso Cano (1664). Catedral de Granada.

Toda esta herencia se ha mantenido hoy cuando a Cristo lo adornamos con las tres potencias. Estos atributos tenían su origen desde la época bizantina y antaño han sido, y siguen siendo, los elementos que se indentifican como los rayos de sol que coronan la cabeza del Salvador.

Dios es Sol como la Virgen es Luna.

En estos días, que además coinciden con la Semana Santa, curiosamente el 25 de marzo -Día de la Encarnación- coincidirá, en este año 2016, con el Viernes Santo, día en el que se recuerda la muerte de Jesús de Nazaret.

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