Susana y los viejos. Del Renacimiento al Barroco. Artemisia Gentileschi.

 

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Autorretrato, Artemisia.

Si hablamos de pintura barroca, se me viene a la cabeza una mujer que fue excepcional, Artemisia Gentileschi.

Pocas son la personas que conocen el nombre de esta fabulosa pintora enmarcada en la primera mitad del siglo XVII, pocos son los manuales de la Historia del Arte donde se habla de ella, pocas son las exposiciones monográficas sobre su obra… en cambio, mucha fue su producción y la extrema belleza de sus trazos y sus composiciones.

Judith. Artemisia.

Artemisia nació en la ciudad eterna, Roma, en el mes estival de julio en el año 1593 y murió en 1654 en Nápoles. Tenía 61 años de edad. Su padre, Orazio Gentileschi fue un pintor pisano muy influenciado por la corriente caravaggista. Su hija tomó de su padre esa misma pasión y ese mismo refinamiento de la técnica del claro-oscuro, el rigor del dibujo y sobre todo el naturalismo propio del barroco.  Una visión realista con un halo de dramatismo y teatralidad.

La primera obra de esta pintora barroca fue a los diecisiete años. La temática escogida ya había sido, en numerosas ocasiones, figurada; pues su composición regalaba multitud de posibilidades para ser representada y así fue durante el Renacimiento y el Barroco. 

Susana y los viejos. Artemisia, 1610.

Susana y los viejos, se trataba de una escena bíblica de violación donde los pintores podían usar un gran contenido sexual y erótico sin que dejara de ser una pintura de temática religiosa.

Este suceso aparece narrado en el capítulo 13 del Libro de Daniel (Antiguo Testamento) donde se simboliza, sobre todo, la pureza y la verdad frente al abuso de poder y la corrupción de la justicia.

Susana y los viejos. Guercino.

Susana, una mujer bella y temerosa de Yahvé, se casó con un hombre muy rico llamado Joaquín. Dos ancianos babilónicos, convertidos en jueces por el pueblo, paseaban a menudo por los jardines de la casa de Joaquín. Veían a Susana salir a pasear y tanta era su belleza y juventud, que ambos viejos empezaron a desearla.

Un día Susana, acompañada por dos de sus doncellas, se quiso dar un baño en el lago del jardín.

– “Id y traedme aceites y perfumes. Cerrad las puertas del jardín para que pueda darme un baño”, les dijo Susana a sus criadas.

Éste fue el momento ideal para que los dos viejos se acercaran y le confesaran la ardiente pasión que tenían hacia ella, así como la necesidad de poseerla.

– “Entrégate a nosotros, sino daremos testimonio contra ti diciendo que estabas acompañada de un joven sin tus doncellas”. 

Susana gritó y al encuentro, acudieron unos esclavos al lugar evitando lo que parecía inevitable. Al día siguiente, cuando los dos jueces fueron a casa del marido para dar testimonio falso de lo ocurrido, el profeta Daniel intervino a favor de la joven esposa. Daniel consiguió que se dijera la verdad y que Susana no fuera lapidada o ejecutada.

Muchos pintores representaron diferentes momentos de este acontecimiento bíblico. Sin duda, permitía mostrar la anatomía desnuda del cuerpo de la joven mujer sin preocuparse de las posibles persecuciones eclesiásticas. Tintoretto, Tiziano, Veronés,  Rembrant, Artemisia o Ribera… fueron algunos de los innumerables artistas que eligieron este tema.

Obra de Bartolomeo.

Los pintores del Quattrocento (XV) y del Cinquecento (XVI) habían hecho gala de su maestría pintando esa escena con gran suavidad y ternura ideal propia del momento histórico citado. 

Muchos de ellos usaron el componente erótico y dulce de Susana durante el Renacimiento.

Su cuerpo casi desnudo, su pelo suelto y largo, su mirada serena, sus piernas abiertas, su inocencia tierna y su actitud dócil frente a una situación tornada en dura, desagradable y grosera.

Luini Bernardino (Italia, 1482-1532)

Anónimo, XVI.

Tintoretto (1555)

Tintoretto (1552-1555)

Veronés (Italia, 1528-1588).

En estas obras, el ideal de belleza quedó por encima, incluso, de la preocupación por el contenido. Tanto es así que podemos pensar en la disposición de Susana a las peticiones de los ancianos jueces babilónicos. En muchas de estas representaciones vemos a la protagonista tocándose el pecho y con un gesto apacible, sereno… en una situación que hasta “aparece agradable”. Pues aunque no debemos dejar atrás de que se trataba de un intento de violación y extorsión, el Renacimiento lo trató con una gran falta de veracidad y un exceso de imaginario y utópico.

En cambio, el tema no deja de estar vigente en el Barroco (XVII-XVIII).

Mismo tema, diferente visión. 

Goltzius (1558-1617)

En el Manierismo y durante el Barroco, la escena se vuelve más real, con un halo de teatralidad en el uso de la luz y la composición.

El baño de Susana se llena de lujo y elementos decorativos. Casi todos los pintores escogen el momento más terrible. Se crea gran tensión entre los personajes. Ahora se palpa el dramatismo, la sorpresa y el patetismo de la escena.

Reni (1575-1624).

Rubens (1577-1640)

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Artemisia Gentileschi (1610)

Artemisia, en cambio, vacía la escena. Tan sólo un banco corrido de piedra donde ella aparece sentada. El cuerpo de Susana crea un zig zag anguloso, inclina la cabeza bajándola hacia el lado contrario donde están sus atacantes, coloca los brazos en un gesto de desaprobación y rechazo, cierra las piernas y su gesto es de asco y horror. Mientras tanto, uno de los viejos le aconseja guardar silencio y el otro, insinúa a su cómplice y compañero al oído cómo deberían actuar. Gran realismo en el lienzo. El naturalismo del Barroco. La empatía de una mujer.

Ribera (1591-1652). El Spagnoletto. Mide: 1.38 x 1.79 cm.

En Ribera su tenebrismo es obvio propio de de la última época del pintor.

Cargado de emoción, Susana pide ayuda a gritos mientras que los viejos, feos y con muecas de lujuria se ríen acechándola por detrás. 

Es un miedo contenido. 

El cuerpo de la joven es blanco, síntoma de alta clase social. Se tapa con fuerza, incluso vemos ese mismo vigor en como cierra las piernas. Su cuerpo no es tocado pero se nota rígido, cargado de resistencia.

Ribera, con pequeños toques de luz, compuso la silueta de los ancianos. Su actitud es vulgar y siniestra. Rompió con esa fisionomía italianizante de hombres corpulentos, barbados y bien vestidos…, y es que Ribera, aunque nunca regresó a España, siempre tuvo presente su españolismo, patente en la cara de los ancianos que además les puso túnica propias de mendigos bajándoles, de esa forma, de clase social, riéndose y ridiculizando su cargo.

“Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes,
se deslizan, escrutan y apartando la rama
alargan sus miradas hasta el lugar del drama:
el choque de un desnudo con los sueños de antes.

A solas y soñando ya han sido los amantes
posibles, inminentes, en visión, de la dama.
Tal desnudez real ahora los inflama
que los viejos se asoman, tímidos estudiantes.

¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial.
En su carne se sienten, se afirman juveniles
porque lo son. Susana surge ante su deseo,
que conserva un impulso cándido de caudal.

Otoños hay con cimas y ráfagas de abriles.
-Ah, Susana. -¡Qué horror! -Perdóname. ¡Te veo!” , 
Jorge Guillén, 1974.

 

María Teresa Hontoria 

Dra. Historia del Arte


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