“El sueño de los Magos”. Una iconografía del medievo.

Se acercan las Navidades y después de ella el momento, posiblemente, más especial para los niños, el día de los Reyes Magos.

“Los Reyes Magos”. San Apolinar Nuevo, Rávena, siglo VI. 

Este motivo nos sirve de excusa para conocer algo más sobre estos personajes tan enigmáticos y sorprendentes.

En las Navidades pasadas (2016) escribimos una breve reseña (La Adoración de los Reyes Magos. El rey negro. Baltasar y su representación en el arte) en este mismo apartado de Curiosidades, sobre la iconografía del rey Baltasar siendo éste un mago blanco durante la Edad Media para tornarse negro a partir del Renacimiento.

Visualizamos varias escenas en diferentes lugares y comprendimos el porqué de este cambio tan sustancial sobre el color de piel del tercer mago.

En esta ocasión, nuestra mirada se detiene en una iconografía pocas veces vista pero muy representada en los diez siglos que duró la Edad Media. Estamos hablando de la escena conocida como “El sueño de los Magos”.

“El sueño de los Magos” s. XII. Salterio conservado en la British Library de Londres. Detalle de la opción de dos camas en vez de una por el número de patas que aparece en el dibujo.

¿Qué dice la Biblia respecto a los Magos que fueron a adorar a Jesús?…

La fuente canónica que habla de ellos, sin especificar otros datos que sí lo hacen los Evangelios Apócrifos, es el Evangelio de San Mateo en su capítulo 2:

“Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes de Oriente. – “¿Dónde está el que ha nacido, rey de los judíos?”, preguntaron. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo. Cuando lo oyó el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él […].

Luego llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Los envió a Belén y les dijo: – “Vayan e infórmense bien de ese niño. Tan pronto como lo encuentren, avísenme que yo también vaya y lo adore” […] 

Entonces, advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino” (Mt 2, 2-12).

La escena de este capitel medieval representa el momento en el que los Reyes Magos visitan a Herodes en su castillo antes de su llegada a Belén. Los Magos van acompañados de sus caballos. Fotografía: Jose. Pinterest.es

Este último versículo fue representado por los artistas del medievo en multitud de ocasiones y en varios formatos y soportes. Una escena menor que no era simbolizada en retablos mayores pero que, en cambio, sí lo hacía en capiteles, frisos, salterios (libros de salmos) y vidrieras… 

Vidriera de la Catedral de Canterbury (Inglaterra), s. XII.

En ellas, la figuración era casi siempre la misma: tres reyes acostados sobre un lecho, un ángel acercándose a uno de ellos y llevándoles, o diciéndoles, el mensaje citado en la Biblia.

Hoy, esta representación nos parece curiosa. Esto ocurre porque a finales del siglo XIV, empezó a desaparecer y lo que se hizo común, sobre todo en el Románico, comenzó a ser inverosímil al final del Gótico y sobre todo, al comienzo del Renacimiento ya en la Edad Moderna.

Pero dentro de esta escena medieval, poco descrita, los artistas (la mayoría de ellos anónimos) supieron ofrecer a la figuración su licencia más personal; es decir, no siempre aparecían los tres magos en camas y no siempre aparecían vestidos. 

Fragmento del Libro de Horas de Taymouth (Escocia, Reino Unido). Manuscrito inglés del siglo XIV.

Era común que durante la Edad Media, las personas durmieran en un mismo lecho. Las casas humildes y las familias sencillas así lo hacían. No debemos olvidar que los magos, a pesar de su condición real, estaban de viaje y no siempre, en el camino, era fácil encontrar posadas refinadas.

Igualmente, durante la Edad Media los magos viajaban en caballos y no en camellos como sí lo harían a partir de la Edad Moderna. Este cambio se debió a que durante la Edad Media se desconocía el recorrido que debieron realizar desde “Oriente” hasta su llegada a Belén (ciudad palestina de Cisjordania)  y se ignoraba el largo desierto que tuvieron que cruzar. 

Fragmento del coro pétreo, hoy desaparecido, de la Catedral de Santiago de Compostela. Representa la salida del castillo de Herodes en Jerusalén destino a Belén de los Reyes Magos. Este detalle de los tres caballos simboliza el inicio del cortejo. Siglo XII.

Con la Edad Moderna, y debido a la nueva cartografía que se estaba elaborando, pudieron darse cuenta del largo viaje que los tres Reyes Magos tuvieron que atravesar cambiando, en la iconografía religiosa, el caballo -que no aguantaba varios días sin beber-, por el camello que era más resistente en dichos lares.

Fragmentos del altar de la iglesia de Santa María en Mosoll (Gerona, España). Siglo XII.

Volviendo al tema.

Algo curioso, pero de sentido común, es que tampoco se menciona en el Evangelio de Mateo la presencia de un ángel pero era costumbre saber que los mensajeros de Dios eran los ángeles del Señor; por tanto, a la hora de materializar las palabras, era más lógico y evidente hacerlo a través de estos personajes portadores del mensaje divino.

El artista así lo entendía y así lo escenificaba. 

Detalle de uno de los capiteles de la Catedral de Autun (región de Borgoña, Francia), s. XII. El ángel toca la mano del rey Melchor para despertarlo. Con la otra señala de estrella que ha de guiarlos en su camino de vuelta.

Otros atributos reconocibles por los cristianos medievales era la estrella de oriente y las coronas que sobresalían de las cabezas de los reyes. Esa misma estrella, que les había marcado el viaje de ida, les marcaría el viaje de vuelta ya que este recorrido sería diferente; pues como había dicho Dios: “no volverían a Herodes”. 

Igualmente, la necesidad de colocar atributos en las zonas más visibles era obvia ya que en aquella sociedad, muy pocos sabían el arte de la lectura y lo hacían a través de la visualización de estas imágenes. De esta forma, la colocación de las coronas debía ser evidente para que los Reyes Magos no pasaran inadvertidos y fueran entendidos como tal por el pueblo.                                                                                                               

Dependiendo del espacio que el artista tuviera para representar la escena, ésta se hacía acompañada del anterior momento histórico; es decir, el instante de adoración y entrega de los tres regalos al niño Jesús, quedando así más completa la historia.

“Adoración y sueño de los Magos” s. XII. Salterio conservado en la British Library de Londres (Reino Unido). Dos de los magos prestan atención al ángel que parece leer la filacteria con el mensaje de Dios. 

Baptisterio de Florencia (región de Toscana, Italia) s. XII-XIII. Los Reyes Magos no siempre aparecían acostados en un lecho. En esta ocasión pueden verse descansando en una especie de escalinata mientras se acerca el ángel para advertirles.
“El sueño de los Magos” s. XIII. Salterio conservado en la British Library de Londres. El ángel de Señor sólo vuelve a despertar al rey Melchor, el primero y mayor de todos. El resto de los magos siguen durmiendo sobre sus manos. La postura carece de movilidad y se nota que la postura sigue siendo medievalista, incluso incómoda. La cortina deja ver la escena íntima. El cielo es un tono azul monocromático cargado de pequeñas estrellas.

En nuestro país tenemos varios y valiosos ejemplos de esta iconografía. Lugares donde el Románico está presente como Soria, Palencia, Villafranca del Bierzo o Ávila.

Iglesia de Santo Domingo, Soria, XII. Los tres magos están dormidos mientras el ángel se acerca con intención de tocarlos. El rey Baltasar, más joven, suele ser el que duerme en medio.

Uno de los más bellos, por la policromía original que guarda, es el que aparece en el cenotafio dedicado a San Vicente, Sabina y Cristeta en la iglesia basilical románica de San Vicente en Ávila.

Estos tres hermanos están hoy enterrados en el altar mayor de esta iglesia, dentro de unas urnas. Según sus hagiografías fueron martirizados durante la “Gran Persecución”, en época del emperador Diocleciano (siglo IV), donde en Hispania perecieron gran cantidad de cristianos perseguidos.

Su cenotafio, del siglo XII en madera policromada, es espectacular. Está techado por un baldaquino del siglo XV en estilo gótico flamígero en madera dorada y policromada con tejado a dos aguas, todo ello decorado por hojas talladas y los escudos de la corona de Castilla, de León, de la Catedral o con simbología Papal…

La vida martirial de San Vicente, o escenas del Nuevo Testamento, conforman y completan esta obra de arte tan fabulosa.

Detalle del cenotafio. Basílica de San Vicente, Ávila. Fotografía: María Teresa Hontoria.

Detalle del ábisde central. Basílica de San Vicente, Ávila. Fotografía: María Teresa Hontoria.

En él podemos observar la escena que estamos comentando.

Como curiosidad, y para finalizar esta reseña, recalcar que en la escena de en medio, en el momento de la adoración, el rey Baltasar aparece repintado de negro. Posiblemente, en la restauración que sufrió el monumento durante el siglo XIX, los técnicos decidieran dejar esta muestra como testigo y guiño de que el tercer rey mago fue pintado posteriormente y durante el Renacimiento como estaba especificado y a la moda.

La policromía negra del rostro fue eliminada en el resto de las escenas dejando sólo la pintura original. Este hecho vuelve a demostrarnos que el arte es algo vivo, que se adapta a la sociedad, a las modas y que igual que nosotros, sufre cambios y modificaciones. 

Secuencia de la llegada de los tres Reyes Magos a Belén. Detalle.  Basílica de San Vicente, Ávila. Fotografía: María Teresa Hontoria.
Texto: María Teresa Hontoria. Dra. Historia del Arte. Directora de GranadaSingular.

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