San Francisco de Borja.

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San Francisco de Borja fue un valenciano nacido de una familia noble en 1510. Su carácter piadoso quiso llevarlo a ser monje pero su familia lo mandó a trabajar a la Corte, junto al rey Carlos I de España y V del Imperio Sacro.
Trabajó como camarero del emperador hasta la muerte de la emperatriz, Isabel de Portugal, cuando San Francisco descubrió el cadaver de Doña Isabel en la ciudad de Granada, al parecer, junto a la cruz que hay en la Avenida de la Constitución, frente al actual Hotel Vincci donde dijo la famosa frase: “no volveré a servir a ninguna persona que se pueda morir”.
El emperador Carlos se encontraba fuera del país y San Francisco estaba en nuestra ciudad. Ese fue el motivo de que el ataúd de la reina viajara desde Toledo a Granada, en 1539, confirmando, la muerte de la joven reina, el camarero del rey.
A partir de ese momento y debido al shock que sufrió San Francisco, decidió alejarse de la Corte. Ingresa en la orden jesuita cuando se queda viudo.
Iconograficamente lo veremos siempre representado en la mano con una calavera, símbolo de ese pensamiento entre lo fugaz de la vida y la llegada de la muerte. Pero existen otros símbolos iconograficos que nos ayudan a leer la obra y conocer quién es su protagonista. Símbolos, en ese caso, como el hábito o los tres capelos de cardenal a sus pies como alegoría del rechazo a la petición, por tres veces, de ser cardenal. En otras ocasiones lo vemos junto al cadaver de la reina.
Estos signos, conociendo previamente la historia, nos ayudan a reconocer a los santos y a los diferentes protagonistas de un cuadro y de una escultura pudiendo leer iconografía para conocer lo que se representa.
San Francisco murió como monje jesuita en 1572 y fue beatificado por el Papa Urbano VIII en 1624.


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